Mi cabeza es como el cajón de mi mesa de luz.

El 11

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Del director británico Ken Loach, un cortometraje excelente.
Inteligente mirada latinoamericana (que Ken Loach usa de manera impecable) sobre los 11 de septiembre de EEUU y Chile.

VEREDAS

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Subestimé, siempre lo subestimé, le decía ella por teléfono a alguien que no la escuchaba, pero que oficiaba de único receptor de la sarta de manifiestos que supuse que venía poniendo en común esta muchacha, la que detrás de la puerta se encuentra; la puerta de la casa por la que yo paso pisando la vereda.

Ella siguió hablando pero yo ya lo olvidé, porque en este instante estoy muy atento a cómo se prepara el puré de papa, según le explica la señora de la esquina a su nieta, detrás de una ventana, de la que dos pasos más allá me voy a olvidar.

Me parece que pocas cosas hoy merecen mi atención.

...ih

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Inútilmente busco las palabras… Algo me dice que no necesariamente deba encontrarlas. Algo como una voz del interior que pretende ser más que un diario cordobés.
Podría escribir afdrabnarinfación, desglutinambradancia o perdifonolasifia extrandilente. Pero nada de eso tiene sentido.
Si alcanza la mirada, los gestos, todo eso y más… puede que en algún momento lo entiendas (aunque sé que vos bien lo entendés).
Por ahora, frygtnudlambraganiciático no es, ni ninguna otra, todas son demasiado duras, todas demasiado suaves y cortas...
Y qué bueno que no todo tenga palabras, que no todo sea tan breve como una cola de letras...

CRUZANDO LINEAS PARA LLEGAR

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"Patrona de los viñedos"












Desde siempre tuve una estructura en la cabeza –una maraña, más bien– en la que todo está interrumpido o acompañado por un límite. Así es la construcción del mundo, líneas que se entrelazan, caminos que sin darse cuenta forman más líneas, que al cruzarse con otras trazan un nuevo espacio. Y los espacios tienen reglas, y esas reglas se cumplen sólo hasta que la línea divisoria indique el comienzo de una nueva región… y así. Todo tiene un límite… mijo, dice mi tía la solterona… y el suyo fue allá lejos, donde cagó el conejo… y qué conejo podrido porque a esa mujer sí que se le limitaron hasta las sonrisas (la horizontal y la vertical).

El pueblo en el que vivo limita con otro pueblo que se acerca a otro más, todos simulándose ciudades, todos tan cabizbajos cuando de agitación se trata y todos tan ‘frente en alto’ para resaltar indignados que, justamente, en ésta época ya no hay límites… pero, en cambio, yo los sigo viendo, me acorralan, me persiguen… les huyo.

La noche delimita que hasta acá las luces de la calle serán más poderosas, habrá mayor circulación de autos, más movimiento, más joda… Hasta acá pulularán las vidas limitadas, que creen ser libres de toda atadura y en esa mentira se revuelcan felices, probando sus raros peinados nuevos y sin recordar que, según lo decía el profeta, si vas a la derecha y cambiás hacia la izquierda, es mejor que estarse quieto… Pero en la carnicería de los limitados noctámbulos hoy no existen los cambios bruscos, solo existe un falso y constante movimiento que no hace más que paralizar.

Los límites de la ciudad se ven, se palpan. Hay un sitio para charlar con gente que vive a miles de kilómetros o a dos metros del mismo sitio, lugares para sentarse en la vereda y pedir una moneda al transeúnte… Hay transeúntes, que se dirigen a lugares donde van a transformar su trabajo en ganancia ajena y restos propios, lugares para los niños, para la gente de fe, para los desposeídos de dios, para los que quieren coger y no los dejan, para los que inventan cosas ya inventadas, y aprovechándose de nuestra exquisita falta de memoria nos encajan nuevamente la vieja basurita en el ojo.

Pero ante todo esto hay una opción, y es la de traspasar la zona más atiborrada de límites y entrar en los terrenos donde la transgresión de las líneas es casi una obligación. Donde se exponen piernas y corpiños usados en la esquina y caminan los altos tacones del tipo que tuvo la mala leche de dudar de su sexo en un país donde las dudas se condenan, como las soledades.

Y anoche, como algunas otras, pude traspasar esa especie de General Paz que todos tenemos en la cabeza y sentarme junto a un vino, a diez pasos de las voces y las cuerdas de dos desorientados más, que miraron de frente todo este absurdo y lo convirtieron en belleza… raras costumbres que tiene alguna gente.

Cuecas, chacareras, macabras cumbias e inevitables chirridos bluseros en medio de un aire viciado de tango, como es el aire de los que solos caminamos por las calles del más acá.

Tocaban y cantaban bendecidos por la Virgen de la Carrodilla, que a esta altura ya perdió la virginidad entre los amores de las hileras y los suspiros de los surcos, donde se ha hundido el arado de la música, para romper la castidad de la patrona, que ahora que ya no existe dios, nadie sabe bien a quién ampara.

La noche siguió, yo seguí...

Y después volví a la maraña... Parece inevitable volver. Pero queda la opción de escaparle por algún lado, por algún trago o alguna probadita de algo que haga las veces de rendija, algo que nos ayude a estar bien, entre tanta línea divisoria…


ANAGRAMA / Virgen de la Carrodilla



Ésta es la excelente versión que Paula Casciani y Alejandro Sicardi (Anagrama) hacen de la tonada de Hilario Cuadros y Pedro Herrera, matizada con tintes más urbanos. Escuche... Escuche...

(Gracias a ellos)


SUJETO Y PREDICADO

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La textura del plato de los amantes tiene hambre.

El sillón hace meses que está desierto.

El sábado huele a pólvora mojada.

La película ya terminó hace tiempo.

TINTA, PALABRAS, PAPELES... Y NO POCAS COSAS MÁS

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Siempre hay algo para leer, para escuchar.
Ahora, el poeta portugués Fernando Pessoa y el cantautor argentino Gabo Ferro, años de por medio, en los mismos terrenos.


Todas las cartas de amor son
Ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen
Ridículas.

También escribí en mi tiempo cartas de amor,
Como las otras,
Ridículas.

Las cartas de amor, si hay amor,
Tienen que ser
Ridículas.

Pero, al fin,
Sólo las criaturas que nunca escribieron
Cartas de amor
Son
Ridículas.

Quién me diera en el tiempo en que escribía
Sin darme cuenta
Cartas de amor
Ridículas.

La verdad es que hoy
Mis recuerdos
De esas cartas
Son
Ridículos.

(Todas las palabras esdrújulas,
Como los sentimientos esdrújulos,
Son naturalmente
Ridículos)

Álvaro de Campos (Fernando Pessoa)





Gabo Ferro
, uno de los cantautores más interesantes del rock actual, en su primer disco (Canciones que un hombre no debería cantar, 2005) incluía esta canción, Palabras malas, que me resultó imposible no relacionar con el texto de Pessoa.

PUCHA CHE!

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Encima que estamos tan solos, vivimos desencontrándonos.

ESA MALA COSTUMBRE...

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Suelo hacerlo siempre, así que espero que no se tome como una queja ante nadie.
Hablo del hecho de contestar un simple ‘bien’ ante la compleja pregunta de ‘¿Cómo andás?’
Es cierto que a veces la intención e interés de la pregunta es tan poca, que uno pone el mismo énfasis en la respuesta… pero así es como se devalúan las palabras, las amistades, los amores…
Se mueren las charlas extensas, se limitan las propuestas, no sea que te invite a hacer algo que joda tu bienestar.
O sea, se hace aburrida la vida, quizás solo por no contestar una cosa más definida, más cercana a la verdad o a la mentira, alejada de los medios tintes.
Siempre hay otras, muchas, demasiadas palabras para definir cómo anda uno. Y ante la diversidad, nos asustamos y apelamos al viejo y querido ‘bien’.
Son pocos aun los que conocen este blog, pero por las dudas saben que pueden comentarme, al menos, cómo andan… De paso, aprendo nuevas palabras para contestar.

TERCO PUNTO DE VISTA

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Estos tres videos, que dejo a continuación, tienen el factor común de hacer permanecer la cámara fija durante casi la totalidad de la duración de los mismos.
Menos es más se titulaba el manifiesto minimalista del arquitecto alemán Ludwig Mies Van Der Rohe, si no me equivoco. En más de una ocasión esa fracesita podemos aplicarla a lo que sea (sin que mi intención esté en indagar en el controvertido plano sexual, sobre el que se viven explayando sexólogos televisivos constantemente).
En el caso de lo visual, o audiovisual, encontré acá tres ejemplos muy buenos, a entender de mi gusto, en los que la cámara prácticamente no corrompe el ángulo de visión.
La escasez de recursos estimula la creatividad. Escasez provocada por motivos económicos o puramente estéticos.
Seguro hay más, muchos más que no recuerdo o no conozco.
Estos tres son buenísimos.

BOB DYLAN / Subterranean homesick blues


ALBERT PLA / El lado más bestia de la vida (versión del tema de Lou Reed,
Walking on the wild side)


ANDRÉS CALAMARO / El salmón

LAS RECAIDAS, SEGÚN UN TAL JULIO

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"...Todo recayente tiene ya en sí a un rehabilitante, pero el problema, para nosotros los que pensamos nuestra vida, es confuso y casi infinito...."
"... no toda recaída va de arriba abajo, porque arriba y abajo no quieren decir gran cosa cuando ya no se sabe donde se está."

JULIO CORTAZAR / Me caigo y me levanto

PEDACITOS

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Hay gente que cree en dios, de hecho alguna vez yo creí que el tal 'dios' existía. Me empezó a doler el cuello de mirar tan alto, los ojos se enrojecieron de buscar al ser sublime y eterno... Entonces empecé a enfocar más de cerca.
Siempre hay algo menos perfecto e ideal, y más bello, por defectuoso y cercano. Hoy encontré en la esquinita de un papel, esta imagen.
Es un pedacito de una prueba de témperas, mezclando colores. La superficie real es de un centímetro cuadrado, más o menos. Nada planeado, nada premeditado... nunca lo observé demasiado, pero acá está ahora.
Si querés creer que dios existe, todo bien. Yo, por el momento, prefiero descubrir la grandeza que esconden los pedacitos de casualidad que andan tirados por mi casa.

LOS CUCOS DEL AMOR

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Del escritor ruso Antón Chéjov, pongo en la mesa el cuento "Veraneantes", que extraje del libro La dama del perrito y otros cuentos.


























VERANEANTES (Antón Chéjov)


Por el andén de cierto punto de veraneo, hacia arriba y hacia abajo, paseaba una parejita de recién casados. Él la sostenía por el talle; ella se ceñía contra él y ambos se sentían felices. La luna, por entre los jirones de nubes, les miraba frunciendo el entrecejo. Con seguridad sentía envidia y enojo por su aburrida y forzosa virginidad. El aire inmóvil estaba impregnado de olor a lilas y acacias. Al otro lado de la vía, lanzaba un pájaro agudos sonidos.

-¡Qué bien se está aquí, Sascha! -decía la recién casada-. ¡Decididamente, podía pensarse que estábamos soñando! ¡Fíjate en el modo acogedor y cariñoso con que nos contempla ese pequeño bosque! ¡Mira qué simpáticos son estos sólidos y callados postes telegráficos!... Con su presencia, Sascha, dan vida al paisaje y nos hablan de que allá..., en alguna parte..., existen otras gentes..., hay una civilización... ¿Acaso no te gusta sentir cómo llega débilmente a tu oído el ruido de un tren que pasa?
-Sí; pero...; ¡qué manos tan calientes tienes! Eso es que te agitas, Varia... ¿Qué tenemos hoy de cena?
-Tenemos okroschka y pollo. Es suficiente un pollo para los dos; y para ti he traído de la ciudad sardinas y pescado ahumado.
La luna, escondiéndose detrás de una nube, hizo un guiño, como si hubiera tomado rapé. Sin duda, el espectáculo de la humana felicidad le recordaba su propia soledad..., su lecho solitario tras los montes y los valles...
-¡Viene un tren! -dijo Varia-. ¡Qué gusto!
En la lejanía surgieron tres ojos de fuego, y el jefe del apeadero salió al andén. Sobre los rieles, de aquí para allá, corrieron las luces de los guardavías.
-Despediremos al tren y nos iremos a casa- dijo Sascha bostezando-. ¡Qué bien vivimos juntos, Varia; tan bien que uno mismo no se lo puede creer!

El oscuro mosntruo se arrastró sin ruido hasta el andén y se detuvo. Por las ventanillas de los vagones, medio iluminados, se vieron desfilar rostros soñolientos, sombreros, hombros...
-¡Mira! -se oyó exclamar desde uno de los vagones-. ¡Es! ¡Varia! ¡Y su marido!...¡Salieron a esperarnos! ¡Aquí están! ¡Vareñka!... ¡Vareñka!... ¡Eh!
Dos niñas saltaron del vagón y se colgaron del cuello de Varia. Tras ellas descendieron una señora gorda, de edad avanzada, y un caballero, alto y delgado, de patillas canosas. Después, dos colegiales cargados de equipaje; detrás, la institutriz, y, por último, la abuela.
-¡Aquí nos tienes! ¡Aquí nos tienes, amiguito! -empezó a decir el señor de las patillas, estrechando la mano de Sascha-. Con seguridad lleváis mucho tiempo esperándonos. ¡Como si lo viera, estabas ya reprochando a tu tío el que no llegara! ¡Kolia!.... ¡Kostia!... ¡Niña!... ¡Fifa!... ¡Hijos!... ¡Abrazad a vuestro primo Sascha!... Hemos venido toda la familia a veros y a pasar tres o cuatro días con vosotros. Espero que no os molestaremos... ¡Tú, haz el favor de no gastarnos ceremonias!
Ante la llegada del tío y de toda su familia, el matrimonio quedó aterrado. Mientras el primero hablaba y repartía besos, pasó raudo el siguiente cuadro por la imaginación de Sascha: Veíase a sí mismo y a su mujer ofreciendo a los invitados sus tres habitaciones, sus cojines, y sus mantas. Veía el pescado ahumado, las sardinas y el okroschka devorados en un segundo... A los primos, cotando las flores, vertiendo la tinta... A la tía, hablando solamente, el día entero, de sus enfermedades (su solitaria y su dolor de estómago) y de que por su nacimiento era baronesa Fintij... Sascha empezó a mirar con odio a su joven esposa y le murmuró al oído:
-¡Han venido a verte a ti! ¡Que se vayan al diablo!
-¡No!..., ¡a ti! -contestaba ella, mirándole a su vez con aborrecimiento y maligna expresión.
-¡No son mis parientes, sino los tuyos!... -y volviéndose hacia los huéspedes los invitó con la más amable de las sonrisas-. ¡Vengan, por favor!...
Por detrás de una nube asomó lentamente la luna. Parecía sonreír... Parecía agradarle no tener parientes...
Sascha volvía la cabeza para ocultar a los invitados su desesperados e irritado semblante; pero repetía, haciendo esfuerzos para dar a su voz acentos de alegría y benignidad:
-¡Vengan, por favor!... ¡Vengan, por favor..., queridos huéspedes!

YOYO

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Subido al ego de su alter ego se pasó el día jactándose de sí, sin darse cuenta de que solo, como estaba, no habían manos que le dibujaran un triste aplauso.

NO SÓLO DE PAN VIVE EL HOMBRE

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¡POR LA LEY DALTÓNICA!

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Hay una señora de sombrero verde que mira a los robocops que nos cuidan en la esquina… Ellos están atentos, vigilantes ante cualquier cosa rara, sospechosos de la diferencia.
Pasa un chico marrón, la señora de sombrero verde se hace a un costado, el chico tiene el pelo medio agrisado por la tierra, y eso lo hace extraño, porque acá en nuestro barrio las calles están asfaltadas.
Así es la lógica, y los robocops –tan normales, con sus trajecitos azules y su sombrero de cartulina celeste– lo llaman, le hacen algunas preguntas, lo ponen manos en alto contra la pared blanca, lo revisan al tacto –poco erótico todo– y lo suben al patrullero…
Ésta, supuestamente, sería una versión de lo que tranquiliza a la señora de sombrero verde, que habla y habla de las cosas que pasan todos los días en la verdulería, la carnicería y el noticiero.
Ahora, digo yo, alterando los colores todo se vería distinto, no?
Porque la señora de sombrero verde mira a los robocops que nos cuidan en la esquina, y si los viera tan ridículos como los veo yo, tal vez hoy, la noticia del diario diría otras cosas… Ni mejores ni peores, otras.
Variaciones retóricas y cromáticas que, digamos, escasean por estos días.

MAGIA REBELDE

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Ese lunes, como tantos otros, se mostraba sincero y cruel. Sentado frente a su propia imagen, de golpe, algo hizo crack y dio vuelta la realidad supuesta… Y no me vengan con que era una “cosa simple” (si, sigo obsesionado con esas bajezas). Lo que llamamos demagógicamente “simple” está cargado de rarezas, y ahí está la gracia: en lo raro, lo complejo.
No voy a ahondar en palabras porque, si algo se supo ese lunes fue que por ciertos motivos, a veces éstas -las palabras- sobran. Y otras veces, o tal vez las mismas, hasta sobran los motivos (sin Sabinas de por medio, please).
Quien sepa adjudicarse esta magia rebelde, que atenta contra el lunes haciendo que se vuelva un día mejor, sabrá entender.



Miguel Abuelo es uno de esos tipos que mueven piezas, como construyendo con lo que encuentra una emoción extrema. Es su voz la que desafía…
La etapa más pop de su carrera fue la de los ’80, y si bien el pop suele estar empañado por motes como el de la frivolidad, Los Abuelos de la Nada, en ésta y en todas sus formaciones demostraron que la sensibilidad no se guía por prejuicios.
Así amanece el disco Himno de mi corazón, del año 1984, con Lunes por la madrugada.

"...y algo en mí no se serena..."

INSIGNIFICANTE

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Un bicho volador que no volaba, echado bajo su panza y con las alas rojizas y destruidas, golpeó mi ventana pretendiendo contarme un cuento; de tan absurdo todo, abrí las orejas para tratar de entender lo que decía… La historia estaba plagada de frases tontas y consejos inútiles que daban, como broche de oro, la infaltable lección de vida: el valor de las cosas simples.
Un clásico eufemismo, que usa hoy el bicho este para sobresalir en su insignificancia… y yo en la mía.
Para combatir al insecto sermonero, nos esconderemos en el siguiente paraje:



A principio de los ’90 surgen varios grupos a la luz de lo que se dio en llamar “Nuevo Rock Argentino”. Sin características específicas que los aglutinara a todos bajo una misma corriente, algunos se esfumaron y otros sobrevivieron. Muchos, aun separados, siguieron haciendo lindo ruido por ahí.
El sonido de los Peligrosos Gorriones está plagado de energía, pero su impronta más fuerte está dada por las excelentes letras que pintarrajean las canciones. El primer disco de la banda (homónimo, editado en 1993) es como un terremoto de colores e imágenes, y uno de sus epicentros es El Bicho reactor.

ACLARACIÓN ENTRE PARÉNTESIS

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No pienso seguir buscando el criterio de este blog. Si lo hay, debe ser muuuy amplio.
Disculpen la sinceridad, pero es que no hay caso... Es un despelote, y si no ordeno mi mesa de trabajo, menos voy a ordenar ésto. Pongamos que el desorden es el criterio, si es que alguien lo necesita.
Mientras, la fanfarria en mi cabeza seguirá desafinando.
Y si por acá pasa un psicólogo, que me deje su número.
En cambio, si pasa una psicóloga... también.

LA PELUCA DE SOLDÁN / Esa vieja patraña del feliz domingo

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(Ilustración de Tute)

Suelo no odiar los domingos, pero la soledad de esta tarde resulta tan certera, que busco desesperado una mentira.
Mentirosos, contactarse conmigo, al resto... hasta mañana.

"Es un beso en la pantalla del autocine, sin gozar... sin gozar" (tango sodero).


(En) el séptimo día, de Soda Stereo, un tema del disco Canción Animal, editado en 1990, cuando yo tenia 11 años y me debatía entre pedir que me compraran éste o Flesh & blood de Poison. Creo que terminé con los dos.

TRAPO NUEVO

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Hora de empezar, me digo... ya basta de esperar y esperar. El mundo va a seguir siendo igual con o sin el blog. Nada cambia, y a nadie voy a joder.
Tengo ganas de escribir, robar un pedacito de allá y ponerlo por acá, recortar aquello y decirte 'mirá... mirá esto' sólo porque si, porque tengo ganas...
Sin mucho más sentido que el de empezar, les dejo esta hermosa canción.

Toda la mañana, de Pez. Tema incluido en el disco Hoy, del año 2006.
Me parece impecable el grado de simpleza y de aire que respira la canción. Sin dudas, uno de los exponentes actuales más interesantes del baqueteado rock argentino.